Sabías que hay cristianos que desean tener una Biblia y no pueden conseguirla. Otros viven en lugares donde poseerla puede poner en peligro su libertad o su vida. Mientras tanto, muchos de nosotros podemos abrirla sin temor, escoger entre varias traducciones, escucharla y llevarla en el teléfono. Pero no siempre, esa abundancia se traduce en lectura, estudio y obediencia.
Este contraste debe hacernos reflexionar y reconocer una responsabilidad: el acceso a la Palabra de Dios es un privilegio que no debemos confundir con algo insignificante.