Vivir en el descanso de Dios: confiar en Cristo sin intentar ganar su favor

Porque el que entra en el reposo de Dios descansa también de sus obras, así como Dios descansó de las suyas. Esforcémonos, pues, por entrar en ese reposo, para que nadie caiga al seguir aquel ejemplo de desobediencia.

—Hebreos 4:10–11

¿Por qué tantos creyentes viven en el desierto de sus propias obras y esfuerzos cuando Dios ha provisto en Cristo un descanso permanente?